La otra cara de Ingeniería Forestal
÷ Rutas paralelas ÷ Vivir en la soledad ÷ EL AGUA ÷ 2050_ ÷
El avance hacia las tierras del norte permite visualizar los cambios a nivel de clima y suelo, los cuales inciden fuertemente en las formaciones vegetales que a lo largo de todo el trayecto se reconocen; ya en la zona del Maule y O'Higgins el bosque templado va quedando atrás y sólo persisten, durante el recorrido, algunos representantes del bosque esclerófilo y del matorral mediterráneo. En condiciones adversas y en las que pocas especies mésicas sobreviven, el espino y el pimiento son protagonistas.
Cuando se hace más evidente la zona de transición climática, emergen las cactáceas y las puyas como las reinas indiscutidas del paisaje. A ratos se puede ver en algunos rincones a valientes representantes del bosque esclerófilo luchando por obtener algunas gotas de agua para poder así perpetuar su presencia en este árido escenario.
En muchas ocasiones, el sendero recorrido, seco y desprovisto de vegetación, intervenido y contaminado, parece querer volver a reclamar por algún resto de cubierta verde que lo llene de vida, que le devuelva el alma, aunque las esperanzas sean ínfimas.
En medio de la desolación, habitando en los montículos de la desesperación, de pronto, de entre la impenetrable neblina costera, surge un inexplicable espectáculo vivo, un misterioso espejismo táctil, un sobrecogedor panorama visual… ¿acaso hemos llegado, por casualidad, por alguna jugarreta del destino y del espacio-tiempo, a la selva valdiviana? ¿Existe alguna razón para que aquellas biotas sólo vistas entre ríos y lagos del extremo meridional del país formen un enclave aquí, entre cactos y abruptas pendientes, abriéndose paso entre suelos desgastados y compitiendo con el caos?
Así, de pronto, surgen los olivillos, las fucsias y los canelos, como si no importara la aridez ni el ignominioso proceso de desertificación, como si lo único trascendente fuera la sola existencia, la presencia colonizadora del bosque nativo en un terreno hostil y para nada acogedor. Fray Jorge nos da la bienvenida.
Muchos han sido los intentos por explicar la presencia de un relicto valdiviano en medio de una región cuyas precipitaciones no superan los 150 milímetros anuales; la mayoría sugiere que se trata de ejemplares que escaparon de la última glaciación en el sur, aunque otra teoría se eleva con fuerza para intentar dar una respuesta a esta inquietante y maravillosa presencia. De acuerdo con el registro fósil, se hace factible sospechar que estos bosques son los remanentes de la vegetación original de la zona. La idea no parece ser tan descabellada si se considera que a causa de la tectónica de placas los continentes se mantienen en una constante dinámica…, además, el clima no ha sido siempre el mismo en todo el mundo. Como prueba de ello, sólo basta hacer mención a los abundantes fósiles de Nothofagus hallados en la Antártica, de las evidencias de un pasado poblado de vegetación en el Sahara y a los animales prehistóricos hallados en medio del desierto de Gobi.
La vida es un proceso dinámico, los seres vivos responden con versatilidad a las condiciones ambientales que les corresponde enfrentar; todo cuanto existe en este planeta, incluyéndonos, es parte de un constante juego evolutivo.
Con estos antecedentes, tal vez sea más fácil enfrentar la problemática de cómo ha sobrevivido este bosque, actualmente muy fragmentado, en las condiciones actuales; quizá valorando el rol de la condensación de la camanchaca se haga posible hallar los medios para lograr perpetuar, lo más posible, este relicto en nuestro país.
El avance por estos sectores seduce, libera la mente e impregna de ensoñaciones especulativas; los cuestionamientos surgen en forma espontánea, la capacidad de asombro se cataliza con la maravilla verde, con esta esfera de la vida, con esta maravilla cuya contemplación es todo un regocijo.
¿De qué manera podemos unirlos a la causa por mantener la belleza de nuestro mundo, de salvar aquello que se nos ha concedido, de luchar por aquello que creemos merece SER?
Tal vez visualizar y comprender la naturaleza cíclica de nuestro mundo, en que todo es perecedero, nos convierta en seres un tanto más humildes y concientes de nuestro entorno, de nuestras debilidades y de nuestra función como seres partícipes de un ecosistema mayor en que cada paso que damos afecta el devenir de las nuevas generaciones.
El camino nos enseña, el camino nos hunde en la dicha del saber,
Como encontrar la pasión de la existencia, el ideal de vivir.
Como vivir en la soledad, donde los recuerdos nos envuelven
Y penetran en lo más profundo de nuestro ser.
Como ser feliz en un mundo adverso.
Como poder sobrellevar la pasión del saber,
Contra la necesidad de vivir.
Cuando una voz silenciosa, nos llama a despertar la pasión de vivir,
La pasión de encontrar nuestro propio camino
y donde la soledad es una opción de vida,
Donde el destino nos invita a buscar nuevos horizontes.
Donde el hombre, por su necesidad de compañía, rehuye el bienestar de los demás, para satisfacer el suyo.
He aquí el principio del fin, el equilibrio emocional de cada hombre,
La idea de vivir en la soledad, vivir donde no hay nada, ni nadie,
Estar solo contra el mundo y poder vencer.
Puedo ver a través de tí,
La ilusión de mi pueblo.
Puedo ver a través de tí,
Una esperanza de vida.
Dime como puedo,
Tomarte entre mis manos
Y compartirte con mi pueblo.
Dime como puedo,
Cuidarte y protegerte,
Para siempre tenerte.
Agua, elemento de vida,
Eres tan abundante y escaso a la vez.
Enséñame tu verdad escondida.
Enséñame a valorarte, sólo una vez.
Es tarde, son casi las diez de la noche de un viernes cualquiera, en un día cualquiera, en una ciudad cualquiera. Un niño andrajoso y descalzo que lleva cartones en sus manos, se agacha para beber agua de un gran río que pasa por el lugar. De lejos lo mira con atención otro niño que pasa en el automóvil de su padre, aún despierto y emocionado por la película que acaban de ver junto a su madre. Detrás de ese vidrio, se marca la suerte corrida por uno y por el otro. Mientras al niño que va en el auto le espera un reparador baño con juguetes y burbujas de jabón, el otro niño continuará con sus burbujas de agua, las que lamentablemente están contaminadas… Llegando a casa, la madre prepara la tina de su pequeño. Deja abierta la llave y se va a la cocina por un vaso de agua. El padre aprovecha de regar su extenso jardín en la noche. “Hay que aprovechar de regar ahora por que los días están más calurosos que antes, el pasto absorbe inmediatamente el agua y parece que no se regara”, dice el padre…
El silencio de las calles se interrumpe por las pisadas y el aliento agitado del niño, que, corriendo, acaba de robar de una tienda agua mineral y un trozo de pan. Se refugia bajo un bello árbol, el mismo que le proporciona sombra durante el día. Aunque es verano, hace frío y las raíces y ramas del imponente Ombú abrigan al niño, que devora el trozo de pan y bebe el agua…
La tina está lista. La madre lleva a su hijo al baño. El niño entra a la tina. La madre sale y cierra la puerta. Aburrido jugar durante el baño, el niño abre la llave y comienza a salpicar agua por todos lados. Es un desastre. Al rato llega la madre y su padre, que al ver el espectáculo no hacen más que reír y jugar con su hijo. El agua se desperdicia por todo el baño…
Ruidos de gente corriendo, bocinas y luces despiertan súbitamente a niño. Es una aglomeración de gente que arranca de un guanaco de la policía, que, con sus poderosas descargas de agua, espanta a las personas. Son ecologistas que en una marcha pacífica entregan mensajes de protección al medio ambiente e información sobre el cambio climático. Pero nunca faltan los infiltrados…
Uno, dos, tres personas caen a merced del agua, que arrasa con todo y se desperdicia por toda la calle…
Es temprano. Son casi las nueve de la mañana y la nana de la casa limpia y seca el agua que quedó por todo el baño la noche anterior. La familia se prepara para un bello paseo a un Parque Nacional de su región. La madre se está bañando hace más de media hora. Sale del baño y no corta el agua, pues, su esposo también debe bañarse. Luego suben a su auto y se van…
Hace un calor insoportable. Aún descalzo, el niño camina por la plaza a encontrarse con algunos de sus amigos que conoció en la calle. Ante tanto calor deciden tomar un refrescante baño en la pileta de ahí cerca. Los gritos y las burlas llaman la atención de los transeúntes, que siempre llevan algo para beber…
“Es increíble”. Son las palabras de la madre al terminar el paseo familiar. Tras algunas horas de viaje, regresan a la ciudad. El padre invita a todos, nana incluida, a tomar unos deliciosos y refrescantes helados de agua a la plaza. Sentados en uno de las bancos de la plaza, con sus helados en la mano, les llama la atención los niños que se bañan, gritan y se burlan en la pileta...
Detrás de las ramas de un bello Ombú, se marca la suerte de los niños… Mientras el niño que toma helado tal vez sufrirá un pequeño dolor de estómago, el otro hace más de 5 días que siente dolores, que se agudizan cada vez más…
Han pasado ya 44 años…
Tengo 50, pero mi apariencia es de alguien mucho mayor. Sufro constantemente de dolores renales, debido a que bebo muy poca agua.
Cuando tenía 7 años todo era muy diferente. Recuerdo que el agua abundaba, en ríos, acequias y piletas, se podía jugar con ella y beberla a destajo. Las ciudades y parques estaban llenos de árboles, las casas tenían extensos jardines que los adultos regaban sin preocupación alguna. La gente se podía dar baños de más de media hora…
Yo hace meses que no tomo un buen baño. El agua de las piletas está contaminada y en las casas restringen el consumo a 2 litros semanales por persona. La mayoría de los ríos de mi región, los lagos y represas esta secas o terriblemente contaminadas. La plaza de la ciudad casi no tiene árboles, ni siquiera ese imponente Ombú se salvo de las sequías.
Mis hijos están prácticamente acostumbrados a esta vida y todas las noches me piden que les cuente como era el mundo cuando yo era niño... No lo pueden creer, no pueden creer que todo era tan bello, que si bien existían problemas, nada era tan grave, tan insufrible como esto…
Tengo mucha sed… Creo que mañana iré a esa pequeña acequia, una de las últimas que quedan, donde aquella noche, hace más de 40 años vi a ese curioso niño y pensé “…Como es posible que pueda estar tomando esa agua”, tal vez correré la misma suerte que él, pero no me importa…Tengo mucha sed…
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